Campaña de los Dos Imperios

7 de Levante

La Torre de Hielo

Desde Torleo, nos pusimos en marcha hacia el oeste, llegando al pie de una torre recubierta de hielo. Al parecer, este lugar era el centro de la región de frío que no había dejado atrás Carencia.
Con la runa del calor inscrita en mi hacha conseguimos crear un paso hacia la puerta, y tras resolver el acertijo numérico para poder abrirla pudimos penetrar en la torre. Fuimos revisando todas las habitaciones, hasta que, ya en el tercer piso, descubrimos un diario en el que nos enteramos de que la torre estaba construida en honor a Asmodeo, algún tipo de demonio o ente sobrenatural de otro plano.
Ya en la azotea, nos enfentramos al espíritu del invierno, que habitaba una gema blanco-azulada que logramos destruir, venciendo así el peligro. Como resultado, la cúpula de hielo de toda la torre se vino abajo.
Sin embargo, nuestros problemas no habían hecho más que comenzar. Nuestros ‘clones’ habían formado alguna especie de trampa, y nos teletransportaron a una torre desconocida (luego descubrimos que su nombre era Torre del Septarca), al centro de un círculo de invocación incompleto (faltaban losas del suelo). En el cielo, extrañamente, sólo había un sol.

Mundo desconocido (Faerûn)

En la torre nos encontramos con un mago denominado Nimózaran el Verde, que justamente está estudiando el portal por el que hemos entrado en este mundo, tan semejante y tan diferente al mismo tiempo. Nimózaran nos pidió que habláramos con la Dama Saharel, que podía saber algo más sobre las piedras que faltaban en el suelo.
Fuimos a parar a Cima del Salto, donde la dueña del Unicornio de Plata nos acogió con gusto.
En ese lugar nos encontramos con dos enanos (el nombre que dan en este mundo a los duergos, al parecer), que se presentaron como Terdorthan y Murgesan, encargándonos la tarea de rescatar una piel de dragón verde que los kobolds habían robado de una caravana de mercancías.

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5 de Levante (5044 CS)

Senderos de los Muertos

(En algún lugar en el interior de las Montañas de Lustal)

Lompûr se ha separado de nuestro grupo, llevándose con él a esos pobres duergos que encontramos hace unos días. De todas formas, creo que ya llevaba esta idea desde hace tiempo (tras las sucesivas muertes de mis compañeros de su Guardia), y por eso había comenzado a enseñarme el uso de las Runas. Me ha dejado con las Garras del Fénix, encomendándome una tarea que ya tuve hace muchos años: la protección de Vilem.
Para dejar constancia de nuestras aventuras y éxitos, comienzo ahora este diario de viaje, que he titulado Senda del Destino.

Dejando atrás la Ciudad de la Tristeza, atravesamos una serie de cavernas que nos llevarían, por fin, a ver el cielo sobre nuestras cabezas. Les otorgamos diferentes nombres: Cámara de la Oscuridad, Cámara de los Quebrantadores del Juramento, la Cámara de la Luna (donde encontramos un árbol de cristal construido por los albos para adorar a Balella, la luna de agua) y la Tumba de los Antiguos. En esta última nos vimos frenados por una trampa arcana formada por dos pilares que creaban algún tipo de campo helado. Afortunadamente, Lenara consiguió hacer frente a la prueba.

El Bosque Sombrío

Un extenso bosque de pináceas se extiende desde la puerta de los Senderos. Seguimos algunas viejas sendas y escorrentías. En cierto momento, una capa de hielo se rompió, lo que nos hizo caer a un nivel inferior donde, siguiendo otro sendero, llegamos a un viejo portal con la siguiente inscripción en la antigua lengua de Aorista: En memoria de Kraal, tu labor inspirará a generaciones. El edificio resultó ser una vieja guarnición abandonada durante el invierno.
Siguiendo otra senda forestal, poco a poco fuimos descendiendo de la montaña. La suerte hizo que llegáramos a Torleo, el pueblo donde creció Lenara.

Torleo

Nos instalamos en la posada de este pequeño puesto comercial de refugiados imperiales (que huyeron de la sangría que sufre su pueblo), El manzano, cuya dueña, Emeldir, es la que más tiempo lleva viviendo aquí.
Durante la noche, algo después de la cena, Grar salió de la posada en compañía de un extraño personaje que, según nuestro compañero, era “sólo un mendigo”.

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La Senda del Destino

Estas memorias son el legado de Nali, miembro del grupo aventurero conocido como las Garras del Fénix.

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