Campaña de los Dos Imperios

4 de Ventada

Canalburgo

Después de un viaje de 30 jornadas llegamos a la ciudad de los canales.
Nada más entrar, descubrimos que no íbamos a poder descansar del viaje. Garti, un guardia que ya conocíamos de nuestra anterior visita, estaba en las puertas por donde penetramos en Canalburgo. Nos comentó que debíamos dar un rodeo para no entrar en la isla conocida como el Montículo de Oro, ya que estaban ocurriendo incendios y asaltos por parte del grupo que lidera el herbolario Quan Lo Fat. Nos comentó que esa misma noche iba a tener lugar un ataque por parte de la Guardia, así que decidimos unirnos a ellos. Sin embargo, antes de la llegada de la oscuridad cada uno realizó algunas gestiones.

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8 de Levante

Torleo

De vuelta en nuestro querido mundo, nos tomamos un pequeño descanso.
Dejamos a Nimözaran en la Torre del Hielo, dispuesto a aprender de nuevo el uso de la magia y a iniciar contactos amistosos con las diversas poblaciones cercanas. Algo bueno puede salir de todo esto.
Ya en Torleo, aprovechamos para recuperar fuerzas y reponer parte de nuestros pertrechos. Además, un nuevo amigo, Sarno, se ha unido a nosotros, tras hacer buenas migas con Jarad. Es un pequeño cábiro de Nylia, vocinglero y belicoso; las trifulcas entre Taffel y él, sin embargo, logran levantar nuestro ánimo.

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Segundo día en Faerûn

Ruinas de Fastormel

En el interior de la torre nos encontramos con un grupo que pretendía llevar a cabo un ritual para hacer que la dama Saharel apareciera. Sabíamos que sus intenciones no eran las mejores, pero nos interesaba encontrarnos con el espíritu de la profetisa. Una vez finalizado el ritual, la Dama nos indicó que debíamos decirle al mago que buscara en sus libros ‘las piedras de trueno’. Como no nos gustaba la idea de dejar al espíritu en las manos de tan oscuro grupo, hablamos con Turnagall para reunir refuerzos y penetrar en la torre. Al llegar al lugar, sin embargo, no encontramos a nadie, así que con pesar en nuestros corazones salimos de allí.
Nimózaran nos dijo que había encontrado una manera de regresar a nuestro mundo, incluso sin contar con las piedras, así que rápidamente prepara el ritual. Por azares del destino, el mago realiza el viaje con nosotros, justo en el momento en que iban a colocarle una camisa de fuerza.

Torre del Hielo

El ritual nos hizo regresar justo en el mismo momento en que nos fuimos, así que pudimos vengarnos de nuestros dobles. Así, venciéndoles, descubrimos que habían realizado un pacto con la Muerte Blanca para deshacerse de nosotros. ¿Significaba eso que estos dopplegangers obtienen también la memoria y los conocimientos de los seres que copian?

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Primer día en Faerûn

Salón de los Kobolds

Conseguimos adentrarnos en la guarida de estas patéticas criaturas con mucha facilidad, y nos hicimos sin problemas con la piel de dragón para Teldorthan. Después de dejar encargado al herrero que nos hiciera algunos objetos útiles a partir de la piel (ése era el pago de la misión), nos dirigimos a las ruinas al norte de allí, donde encontraríamos a la dama Saharel.

Fastormel

Un pequeño monasterio hace de entrada a las ruinas, y en él Allendi, una especie de monja, nos dio de comer. Tras hablar con Thurr y Turnagall (otros monjes), descubrimos que en la Torre del Cetro (la edificación que se mantiene en mejores condiciones), se habían producido algunos ataques contra exploradores.
Nos dirigimos hacia allí, logrando penetrar en la propia torre tras vencer a tres acechadores sombríos y cuatro ettercaps (aracántropos) en un largo combate.

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7 de Levante

La Torre de Hielo

Desde Torleo, nos pusimos en marcha hacia el oeste, llegando al pie de una torre recubierta de hielo. Al parecer, este lugar era el centro de la región de frío que no había dejado atrás Carencia.
Con la runa del calor inscrita en mi hacha conseguimos crear un paso hacia la puerta, y tras resolver el acertijo numérico para poder abrirla pudimos penetrar en la torre. Fuimos revisando todas las habitaciones, hasta que, ya en el tercer piso, descubrimos un diario en el que nos enteramos de que la torre estaba construida en honor a Asmodeo, algún tipo de demonio o ente sobrenatural de otro plano.
Ya en la azotea, nos enfentramos al espíritu del invierno, que habitaba una gema blanco-azulada que logramos destruir, venciendo así el peligro. Como resultado, la cúpula de hielo de toda la torre se vino abajo.
Sin embargo, nuestros problemas no habían hecho más que comenzar. Nuestros ‘clones’ habían formado alguna especie de trampa, y nos teletransportaron a una torre desconocida (luego descubrimos que su nombre era Torre del Septarca), al centro de un círculo de invocación incompleto (faltaban losas del suelo). En el cielo, extrañamente, sólo había un sol.

Mundo desconocido (Faerûn)

En la torre nos encontramos con un mago denominado Nimózaran el Verde, que justamente está estudiando el portal por el que hemos entrado en este mundo, tan semejante y tan diferente al mismo tiempo. Nimózaran nos pidió que habláramos con la Dama Saharel, que podía saber algo más sobre las piedras que faltaban en el suelo.
Fuimos a parar a Cima del Salto, donde la dueña del Unicornio de Plata nos acogió con gusto.
En ese lugar nos encontramos con dos enanos (el nombre que dan en este mundo a los duergos, al parecer), que se presentaron como Terdorthan y Murgesan, encargándonos la tarea de rescatar una piel de dragón verde que los kobolds habían robado de una caravana de mercancías.

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5 de Levante (5044 CS)

Senderos de los Muertos

(En algún lugar en el interior de las Montañas de Lustal)

Lompûr se ha separado de nuestro grupo, llevándose con él a esos pobres duergos que encontramos hace unos días. De todas formas, creo que ya llevaba esta idea desde hace tiempo (tras las sucesivas muertes de mis compañeros de su Guardia), y por eso había comenzado a enseñarme el uso de las Runas. Me ha dejado con las Garras del Fénix, encomendándome una tarea que ya tuve hace muchos años: la protección de Vilem.
Para dejar constancia de nuestras aventuras y éxitos, comienzo ahora este diario de viaje, que he titulado Senda del Destino.

Dejando atrás la Ciudad de la Tristeza, atravesamos una serie de cavernas que nos llevarían, por fin, a ver el cielo sobre nuestras cabezas. Les otorgamos diferentes nombres: Cámara de la Oscuridad, Cámara de los Quebrantadores del Juramento, la Cámara de la Luna (donde encontramos un árbol de cristal construido por los albos para adorar a Balella, la luna de agua) y la Tumba de los Antiguos. En esta última nos vimos frenados por una trampa arcana formada por dos pilares que creaban algún tipo de campo helado. Afortunadamente, Lenara consiguió hacer frente a la prueba.

El Bosque Sombrío

Un extenso bosque de pináceas se extiende desde la puerta de los Senderos. Seguimos algunas viejas sendas y escorrentías. En cierto momento, una capa de hielo se rompió, lo que nos hizo caer a un nivel inferior donde, siguiendo otro sendero, llegamos a un viejo portal con la siguiente inscripción en la antigua lengua de Aorista: En memoria de Kraal, tu labor inspirará a generaciones. El edificio resultó ser una vieja guarnición abandonada durante el invierno.
Siguiendo otra senda forestal, poco a poco fuimos descendiendo de la montaña. La suerte hizo que llegáramos a Torleo, el pueblo donde creció Lenara.

Torleo

Nos instalamos en la posada de este pequeño puesto comercial de refugiados imperiales (que huyeron de la sangría que sufre su pueblo), El manzano, cuya dueña, Emeldir, es la que más tiempo lleva viviendo aquí.
Durante la noche, algo después de la cena, Grar salió de la posada en compañía de un extraño personaje que, según nuestro compañero, era “sólo un mendigo”.

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La Senda del Destino

Estas memorias son el legado de Nali, miembro del grupo aventurero conocido como las Garras del Fénix.

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